jueves, 13 de octubre de 2011

# Se7ven.




Hacía ya varios meses que tenía en mente publicar éste artículo.

Aunque estaba hecho el boceto, faltaba darle forma, pero diversas circunstancias, no me ayudaban a darle el arte final y proceder a su publicación.

Una de esas circunstancias, era la desgana, no me apetecía hablar para nada de política, y aunque si he continuado haciendo comentarios en otros foros, no me encontraba con fuerzas ni ganas para escribir.

Pero hoy en día, considero que es el momento de hacerlo, pues el tiempo corre y si no lo hago ahora, es seguro que lo haría a toro pasado, y como dice un refrán, “pasó el día, pasó la romería”.

Es lógico que haya personas a las que no le guste, y a otras si, también es posible que levante ampollas, pero es ni más ni menos que la expresión escrita del concepto que yo tengo del asunto en cuestión, por lo menos después de pasar por esa experiencia.

El haber militado en un partido político, ha sido una experiencia que me ha hecho ver que el concepto que yo tenía de que era un conjunto de valores y principios inquebrantables era totalmente equivocado.

Posiblemente se me acuse de ingenuo, pero nunca quise admitir que la política era sucia, y menos en el partido del que desde el principio de la democracia fue con el que siempre me identifiqué.

Pero está claro que el dicho popular tiene su base de razón, y ahí están las encuestas que nos dicen que la clase política es algo que preocupa cada vez más a los ciudadanos de éste país, pero claro, solo son encuestas y tienen poco valor científico como todo aquello que signifique algo negativo para sus protagonistas.

Y como es lógico de estos barros vienen estos lodos, porque es verdad que “no hay más ciego que el que no quiere ver”, y “no hay más sordo que el que no quiere oir”.

Una de las cosas que más me ha quedado grabada, es tener muy claro el significado del concepto de victoria pírrica:

Una victoria pírrica es aquella que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente o tácticamente vencedor, de modo que aun tal victoria puede terminar siendo desfavorable para dicho bando.

Se consiguen muchas victorias internas, es verdad, pero son sólo de cara a la galería, porque como son resultado de una forma totalmente antidemocrática de hacer las cosas, los militantes de base o bien se revuelven contra el sistema o se acaban marchando, y cuando se pierde capital humano, se pierde potencial y capacidad para afrontar los retos del futuro.

Al final acabarán por cargarse el partido, ya que ni por activa ni por pasiva se dan por enterados, eso sí siempre son otros los culpables, nunca sus dirigentes, y los culpables son siempre aquellos que alzan la voz crítica para recordar que se está en el camino equivocado, que los principios fundacionales del partido se han convertido en papel mojado y eso acabará por pasar una factura difícil de pagar.

Otra cosa que he aprendido es el concepto de ganar o aprobar por aclamación:

Aclamar.
Dicho de la multitud: Dar voces en honor y aplauso de alguien.

Esto yo lo considero una tomadura de pelo y un insulto a la inteligencia de las personas, cuando la realidad es que el aparato del partido, rara vez permite que surjan alternativas al poder establecido, fruto de un nepotismo y una endogamia elevadas a la enésima potencia.

Dicho esto, me vienen a la memoria unos conceptos que aprendí de muy pequeño, a base de palos y severos castigos, era la época donde por pelotas había que aprender el catecismo, eso si eran cosas que en realidad sólo se tenían que aplicar las clases medias-bajas, las pudientes pagando la correspondiente bula, quedaban exentas.

Para mi estos conceptos, hoy en día no tienen nada que ver con la religión, pero si los considero parte de la ética que deben tener las personas civilizadas.

Son lo que en aquél catecismo se llamaban los siete pecados capitales y digamos sus antónimos que eran las virtudes cardinales y teologales.

Considero que la clase política actual está impregnada de todos los pecados y muy escasamente de virtudes, y me permito poner a continuación los pecados y su virtud correspondiente.

Lujuria.
(Del lat. luxurĭa).
1. f. Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales.
2. f. Exceso o demasía en algunas cosas.

Castidad.
(Del lat. castĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de casto.
2. f. Virtud de quien se abstiene de todo goce carnal.


Gula.
(Del lat. gula).
1. f. Exceso en la comida o bebida, y apetito desordenado de comer y beber.
2. f. ant. Faringe, esófago.

Templanza.
(Del lat. temperantĭa).
1. f. Moderación, sobriedad y continencia.
2. f. Rel. Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón.


Avaricia.
(Del lat. avaritĭa).
1. f. Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas.

Generosidad.
(Del lat. generosĭtas, -ātis).
1. f. Inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés.
2. f. Largueza, liberalidad.
3. f. p. us. Valor y esfuerzo en las empresas arduas.
4. f. p. us. Nobleza heredada de los mayores.


Pereza.
(Del lat. pigritĭa).
1. f. Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.
2. f. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.

Diligencia.
(Del lat. diligentĭa).
1. f. Cuidado y actividad en ejecutar algo.
2. f. Prontitud, agilidad, prisa.


Ira.
(Del lat. ira).
1. f. Pasión del alma, que causa indignación y enojo.
2. f. Apetito o deseo de venganza.
3. f. Furia o violencia de los elementos.
4. f. pl. Repetición de actos de saña, encono o venganza.

Paciencia.
(Del lat. patientĭa).
1. f. Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.
2. f. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.
3. f. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.
4. f. Tolerancia o consentimiento en mengua del honor.


Envidia.
(Del lat. invidĭa).
1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.
2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

Caridad.
(Del lat. carĭtas, -ātis).
1. f. En la religión cristiana, una de las tres virtudes teologales, que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos.
2. f. Virtud cristiana opuesta a la envidia y a la animadversión.
3. f. Limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados.
4. f. Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.


Soberbia.
(Del lat. superbĭa).
1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.
2. f. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.

Humildad.
(Del lat. humilĭtas, -ātis).
1. f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.
2. f. Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie.
3. f. Sumisión, rendimiento.

En mi opinión, visto lo visto, hace falta una profunda reflexión, tanto por parte de los ciudadanos de a pie, como por los militantes de los partidos, para hacer que la clase política no sea cada día más repudiada, es hora de hacerles entrar en razón, las urnas son una de las armas que tenemos, la calle también, pero se nos llamará antisistema, radicales y otras lindezas.

Los grandes partidos de éste país necesitan un castigo, una lección que les haga ver que la mayoría de los ciudadanos no acepta su juego, y personalmente por ideología, la izquierda debe ser la más castigada, es la única solución para conseguir que se refunde, a mi no me da miedo que gane la derecha, son cuatro años, y siempre nos queda la calle para mostrar nuestro desacuerdo con las decisiones de los gobiernos, si la derecha va a ganar, salvo alguna cagada de última hora, la izquierda tiene que rebelarse y decir en las urnas que sus dirigentes no nos representan, a ellos mismos quizá, pero no a nosotros.

En las municipales, voté en blanco, ahora mismo estoy en el dilema, de si en blanco o abstención, pues no quiero cambiar de opción política, quiero que el partido en el cual milité recupere los principios y valores de sus orígenes, y quizás vuelva a ingresar en sus filas cuando realmente vea que por fin hay aire fresco y se puede respirar tranquilo y de verdad.

PD. No me pidan el voto, por favor, esta vez no. Cada loco con su tema, y yo estoy con el mío.

FUERZA Y HONOR.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

2 comentarios:

Nicolás dijo...

No hay nada peor para dejar de creer en la política que militar en un partido. Es demoledor.

Angus dijo...

Tienes mucha razón Nicolas, es demoledor, se te vienen abajo muchos valores y principios.

Creo que la política no es sucia, la ensucian quienes se aprovechan de ella para sus intereses.